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Editorial: DIOMEDES VERSUS SILVESTRE

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DIOMEDES VERSUS SILVESTRE
EDITORIAL ParrandaVallenata.com

ParrandaVallenata.comÚltimamente en la mayoría de las páginas de Internet que tratan todo lo concerniente a la música vallenata y sus protagonistas, se ve con preocupación la pelea estéril en la que se han enfrascado los seguidores del cantante Diomedes Díaz y los seguidores del cantante Silvestre Dangond.
A veces los amantes de la música vallenata por acción u omisión olvidamos lo que pasó ayer y si recordamos algo, es apenas lo que nos conviene recordar.

En la década de 1990 Diomedes Díaz era el rey Midas del vallenato: todo lo que hacía o decía era remedado por sus fieles seguidores. Para ellos nada de lo que hacía el cantante era reprochable. Sus peleas con la prensa escrita, con otros colegas, sus insultos a quien le diera la puta gana y sus cantos a quien quisiera eran dignos de aplausos de parte de su fanaticada.

Lógicamente que eso lo perjudicó. Sentirse con un respaldo cada vez más creciente de parte de histéricos diomedistas le atizaba la hoguera del ego al artista hasta llegar a hacer locuras de las que hoy se arrepiente.

Era entonces cuando los que no comulgaban con la manera de ser de Diomedes ponían el grito en el cielo. Diomedes, también brincó y saltó en sus buenos años. También llenó estadios solamente porque lo querían ver cómo gesticulaba, como verseaba, como insultaba y mandaba al carajo no solo a los abogados y muchas veces sus seguidores se quedaban con las ganas de oírlo cantar. Todo eso se lo perdonaban. Era el ídolo de multitudes.

Pero hay una ley de la vida: “todo lo que sube baja. Todo lo que comienza termina”. Y a Diomedes le llegó la hora de reencontrase con él mismo y comenzar otro ciclo. Hoy ya no puede o no quiere brincar ni saltar como en sus años dorados; hoy ya casi no versea; hoy casi no canta; y preocupa que muchos lo vean ya como una pieza de museo. Tampoco es el fin del cacique de la Junta. No ha llegado al extremo donde se le tenga que decir: “te acabaste cabo de vela y ni quien te vuelva a encender”. No. Pero hoy en día Diomedes es otro Diomedes. Quizás porque los años no vienen solos y más vale tarde que nunca.

El mundo vallenato da vueltas y no cesa de girar. Y en una de tantas vueltas apareció un muchacho con una canción pegajosa y puso a bailar a toda Colombia y después de ese éxito vino otro y otro y otro y lógicamente su grupo de seguidores se fue acrecentando más. Aquí se vuelve a repetir la historia: sus fanáticos lo endiosan, él se lo cree y hace y dice estupideces, caza peleas con sus colegas y se proclama el mejor. Silvestre, se llama. ¿Coincidencias?

Dentro de algunos años como el mundo vallenato sigue girando, aparecerá seguramente otro cantante haciendo locuras, cantando a gritos y haciendo piruetas. Entonces los seguidores de Silvestre se rasgarán las vestiduras porque los seguidores de este cantante aparecido hace lo que hacía su ídolo Silvestre, que ya no puede hacer payasadas poque tendrá reumatismo o la obesidad no lo deja.

Caramba, es bueno criticar, pero al cantante de música vallenata. A quien deseamos que enderece su andar. Es triste observar cómo se meten en la vida íntima de Diomedes o en la de Silvestre para hacerse daño mutuamente sus seguidores y de paso a los artistas y a sus respectivas familias. Eso no se hace. Eso es bajeza. Critiquemos todo lo que queramos pero al cantante, al artista; dejemos su vida privada como lo que es: sólo de ellos.

El hecho de que ambos sean personajes públicos no da pié para despotricar contra ellos y hurgarle su vida como si no fueran humanos. Que se le va la mano a Diomedes, sí. Que Silvestre se cree el dios de los cantantes, sí. Que los seguidores de Diomedes dicen que es el chivo que más mea, sí. Que los seguidores de Silvestre dicen que es grande entre los grandes, sí. Y de ambos artistas dicen muchas barbaridades que no se acercan a la realidad. Pero eso no justifica que sus respectivos seguidores hablen cochinadas del otro.

Hombe, ya está bueno. Eso no puede seguir así. El vallenato no es eso: el vallenato es algo mucho mejor que enfrascarse en peleas estúpidas dos bandos porque muchas veces sus ídolos los azuzan como a los perros para que muerdan.

Si Diomedes es mejor o Silvestre es mejor que lo demuestren. Y eso es fácil de hacerlo: que canten como Dios manda y que el público decida para que se acabe la vaina.

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