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La historia narra que cuando la plena
bonanza de
la Zona
Bananera en el Departamento (provincia) de Magdalena, allí se reunían los jornaleros de todas la
regiones a trabajar con
la
Compañía Frutera de Sevilla como cortadores, labradores y
transportadores del banano de exportación. En los campamentos nacían nuevas
amistades, la primera pregunta que le
hacía a quien se acababa de conocer era: “y usted de donde es compa”..?. La
respuesta era de acuerdo a la región de procedencia. Yo soy Bolivarense, yo soy Guajiro… Yo soy nato del valle...Esta
última era utilizada por los oriundos de Valledupar, quienes querían decir que
eran nativos del Valle. La
descomposición de esta frase dio origen al termino "VALLENATO",
que luego fue adaptado a la música de acordeón de aquella región. Empezaron
algunos conjuntos a utilizar el término. Pero el termino Vallenato también era
despectivo. Se les aplicaba a aquellas personas que tenían manchas blancas en
su piel (vitiligo) y se consideraba una enfermedad de la clase baja.
Uno de los escenarios donde empezó a codearse el
vallenato con la música que escuchaba y bailaba la burguesía -valses, mazurcas,
canciones napolitanas- fue en el de las
colitas. Era este el nombre que recibían las «colas» o finales de fiesta de
la clase adinerada: bodas, bautizos, cumpleaños, festejos religiosos... Durante
el sarao, mientras los señores se divertían con la música europea que
interpretaba una precaria orquesta provinciana.
Algunos investigadores, como el expresiente López
Michelsen, afirman que estos remates de fiesta fueron el pabellón de maternidad
del vallenato, pues combinaron ritmos europeos y nativos: entre ambos dieron a
luz los aires vallenatos. “Las colitas
son el ancestro directo del vallenato moderno”, afirma el expresidente
colombiano.
Pero parece más acertado pensar que las colitas no
ayudaron a formar el género, sino a divulgarlo. Para empezar, esta clase de
fiestas improvisadas no se conocieron en toda la región, sino en la zona del
Valle de Upar. En El Paso (Cesar) no hubo colitas. En muchos lugares del río
tampoco. Y, por otra parte, los historiadores indican que las colitas surgieron
a comienzos del siglo XX, cuando ya el vallenato había empezado a coger ritmo
con el trío del instrumental clásico.
Emiliano Zuleta Baquero recordaba en entrevista con
Tomás Darío Gutiérrez: “antes uno tocaba
solo, sin caja ni guacharaca”. Zuleta Baquero, nacido en 1912 en la zona
central, aludía a las postrimerías de los años 20; para entonces ya hacía
décadas que el acordeón, como sucedáneo de la gaita o carrizo, se acompañaba de
caja y guacharaca en otros lugares de
la Provincia.
En cambio,
piquerias y retos sí constituyeron desde el principio uno de los más
efectivos moldes de creación, propagación y desarrollo del vallenato. La
leyenda de Francisco el Hombre –Como se anotó anteriormente- habla de su
desafío con el diablo, a quien únicamente logra derrotar cuando le canta el
Credo al revés. Los grandes acordeoneros viajaban durante días para acudir a
piquerias concertadas de antemano o a través de recados, como lo atestigua “La gota fría”:
Acordáte Moralito
de que aquel día
que estuviste en
Urumita
y no quisiste
hacer parada.
El “Moralito” del paseo es Lorenzo Morales, entrañable acordeonero y compositor, a quien no
se le ha dado oportunidad equitativa de defenderse de la andanada de Emiliano.
Pero lo cierto es que él también tiene un guante que lanzarle a quien lo ha
apaleado en medio planeta, como lo demuestra en “Rumores”:
Yo no sé lo que le
pasa a Emiliano,
yo no sé lo que le
pasa a Zuleta,
y ese miedo que me
tiene
de mandarme la
respuesta.
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