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Las Colitas
Para hablar de las colitas nos debemos remontar a los inicios del vallenato. En esos tiempos, la música, como el vestido y las costumbres, dividía verticalmente las clases sociales. De un lado la aristocracia criolla se divertía al son del piano, la guitarra y el acordeón que acompañaban los valses, cuadrillas y lanceros, mientras que el pueblo se divertía bailando al son del tambor y la flauta.
Las Colitas eran una prolongación de las diversiones de los ricos en el ambiente de la gente del pueblo, mezclándose momentáneamente unos y otros. Después de terminada las fiestas salían en grupo por las calles bailando y cantando y terminaban en una casa elegida o escogida al azar, donde se celebraba un baile alrededor de un madero, punto en que tocaban y cantaban los músicos. Estas prolongaciones de fiesta duraban varios días dependiendo del entusiasmo y significación de la fiesta.
Algunos investigadores, como el expresiente López Michelsen, afirman que estos remates de fiesta fueron el pabellón de maternidad del vallenato, pues combinaron ritmos europeos y nativos: entre ambos dieron a luz los aires vallenatos. “Las colitas son el ancestro directo del vallenato moderno”, afirma el expresidente colombiano.
Pero parece más acertado pensar que las colitas no ayudaron a formar el género, sino a divulgarlo. Para empezar, esta clase de fiestas improvisadas no se conocieron en toda la región, sino en la zona del Valle de Upar. En El Paso (Cesar) no hubo colitas. En muchos lugares del río tampoco. Y, por otra parte, los historiadores indican que las colitas surgieron a comienzos del siglo XX, cuando ya el vallenato había empezado a coger ritmo con el trío del instrumental clásico.
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