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Historia del Acordeón en el Folclor Vallenato
El acordeón es un instrumento de viento, portátil, de música popular, compuesto por un sistema de lengüetas metálicas, puestas en vibración por un fuelle insuflador de aire, que se acciona entre los brazos y dos teclados: uno para la melodía (mano derecha) y otro para los acordes fundamentales, acordes de séptima y baja (mano izquierda).
Fue inventado en Alemania en el año 1829 por el austriaco Kiril Damian y perfeccionado por el francés Buffet. Tuvo mucha acogida en los países del centro de Europa, especialmente en Francia e Italia a mediados del mismo siglo, este último país fue el que más lo comercializó.
Inicialmente fue considerado el compañero inseparable de marinos y campesinos del viejo mundo. Este instrumento asoma al Valle de Upar en las últimas dos décadas del siglo XIX.
En los primeros veinte años del siglo pasado fueron promocionados y comercializados dos tipos de acordeones: el germánico (Tornillo e'máquina) que tiene dos teclas de bajo cuchara y una o dos filas de botones al lado derecho, y el tipo italiano o vienés (el Espejito) con cuatro botones de bajo y una o dos filas de botones al lado derecho. Del año 1936 en adelante comienzan a llegar los Morunos, Guacamayos, Club tercero y sus congéneres. Al promediar los años cincuenta aparece el G C F y A D G y en los sesenta comienza a reinar el Cinco Letras con su séquito de técnicos de acordeones que han obtenido de la musicalidad de éstas, variables maravillosas.
Llegó sin ningún propósito, pero hay un dicho popular que dice: "Al que le van a dar le guardan", así de sencillo, encontró una estructura musical formada durante muchos siglos producto de la trietnicidad, y su asentamiento le permitió liderar la unidad musical de los tres continentes y convertirse en el instrumento alma y vida de un pueblo.
Las siguientes marcas han sido las más conocidas en la región: Regal, Coches, Paola Soprani, Delicias, Rigoletto, Honner (la reina del vallenato), y las últimas: la marca Saltarelle fabricado en Francia, trae micrófonos incorporados, luce en distintos colores y es comercializado en Colombia por Antonio Rivas, un chocoano que reside en París; la criolla Sincelejana que inicialmente se conoció como Bar Pos pero que ahora se denomina Ruffi elaborados por Rufino Barrios; y la más reciente, la italiana Gabbanelli de visos relucientes y tonalidades armonizadas por cambios, fue adquirido por Emilianito Zuleta Díaz, talentoso acordeonero de nuestro folclor.
Muchas denominaciones son producto del ingenio de sus intérpretes, según el motivo que representan, la similitud con otro elemento y hasta la subjetiva comparación. Los calificativos más comunes son: El Tornillo E'máquina, El Espejito, El Marca Venao, El Guacamayo, El Moruno, Acordeón de Cuchara, Acordeón de Tembladera, Acordeón de Aumento, Tu Ten Khamen, Barrilito, Acordeón de Caballete, Acordeón de Trompito, Club Tercero, Club Segundo, Acordeón de Cambio, Acordeón de Palanquita, Los Melodiones, Simila y El Colibrí.
Además tenemos los comercialmente conocidos donde se ejecuta la música vallenata de hoy, que nos indican con sus letras el contenido de su musicalidad en notas, así: G C F (Sol Do Fa), A D G (La Re Sol), Cinco Letras o B Es As (Si bemol, Mi bemol, La bemol) y otras.
La estructura de las diferentes partes de un acordeón está conformada así: el diapasón que también se conoce como caballete o peaña, dos cajas de resonancia forradas con nácar, un fuelle, ochenta esquineros, dos teclados o mecanismos, treinta y un botones melodiosos, doce bajos armoniosos, cuarenta y tres resortes, cuarenta y tres tapas de teclas, tres correas de apoyo, dos correas pera cerradura, un guarda polvo o parrilla, un bota viento, dos dulzainas o violinas conformadas por cinco peinillas en el lado derecho y en estas ciento ochenta y seis lengüetas metálicas o pitos y noventa y tres planchas de melodías o notas, y en el lado izquierdo dos peinillas y en estas setenta y dos lengüetas y treinta y seis planchas de armonías o bajos, finalmente, las badanas en sus respectivos pitos y dos marcos de madera adheridos al fuelle.
Se destacan a través de la historia de este folclor como técnicos de acordeones los siguientes: El Ciego Buenaventura Rodríguez, Pedro Alfonso Rodríguez y Escolástico Romero, de Villanueva; Ambrosio Molina, de Fonseca; Carlitos Noriega, de La Paz; Pedro Mendoza y Emiliano Mendoza, de Caracolí - Sabana Manuela; Ismael Rudas (padre) de Caracolicito; Ovidio Granados (padre e hijo), Eudes Granados, Ildemaro Bolaño (padre) y Miguel Ahumada de Valledupar; Anastasio Molina, Rufino Barrios en Sincelejo; Alcides Moreno en La Gloria; Ramón Vargas de San Jacinto; Jorge Rojas en Bogotá, y Lucho Campillo en Nueva York (E.U.A:), entre otros.
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