Juglares

JUGLARES

Resumen del texto ¿Existen juglares contemporáneos? De Francisco Moscote a Vicente Munive...
Autor: MARÍA VICTORIA CORREA ESCOBAR.
Directora de Redacción Parrandavallenata.com

La palabra juglar es de origen medieval. El juglar era un “artista profesional del entretenimiento en la Europa del medioevo, dotado para tocar instrumentos, cantar, contar historias y hacer acrobacias, así como otros trucos de la actuación”. (1) Por lo general se dedicaban a divulgar las composiciones de los trovadores, quienes en su mayoría fueron nobles o reyes. Para los trovadores componer e interpretar canciones era una manifestación del ideal caballeresco.

Me atrevo a decir que nuestros juglares y los de la Edad Media tienen características diferentes. El juglar medieval tenía cualidades propias de un saltimbanqui; se dedicaba a animar reuniones y además, ejercía su arte por dinero. El juglar de la provincia del Valle de Upar: cantaba, componía y tocaba el acordeón; además, era itinerante y su música no la divulgaba necesariamente por dinero.

Paradójicamente, fue la falta de comunicación lo que forjó la identidad de estos hombres, hombres a los que el tiempo llamó juglares. Pues bien, los juglares vallenatos se remontan a 1840, año en el que comienza a narrarse la cotidianidad de la provincia teniendo de respaldo un acordeón; a través de unos hombres que tenían magia en los dedos, cadencia en la voz y autenticidad en la composición. Hombres sinceros.

Estas aparentes limitaciones geográficas y de comunicación no truncaron la vocación de caminantes de estos singulares hombres; por el contrario, fue la bendita incomunicación lo que los hizo grandes e indispensables. Sus viajes los hacían por una necesidad inherente a su vocación. Visitaban esos pueblos de los confines del mundo que con el caer de la tarde desaparecían del mapa: la noche inexorablemente se los tragaba. Esas travesías no fueron nada fáciles, ya que las carreteras llegarían a Valledupar sólo hasta bien entrado el siglo XX. El historiador Tomás Darío Gutiérrez, indica que de los 15.801 habitantes que para 1938 tenía Valledupar, el 80% vivía en el campo. (2)

Otro de los factores que caracterizó la identidad juglaresca fue la actividad agrícola y pastoril. De ahí se derivó el canto de vaquería que se escuchó mucho antes de la llegada del acordeón. Estos cantos, dice Ciro Quiroz, “nacían al amanecer cuando se iniciaban las labores de ordeño o por la tarde cuando debían ser trasladados los terneros a sus bebederos”. (3)

El ser vaquero era lo esencial, puesto que les daba para comer, por lo tanto, era una labor que ejercían conscientemente. Sin embargo, durante mucho tiempo fueron juglares sin saberlo. Ellos no hacían versos por obligación ni por encargo, los hacían por la necesidad de expresarse. No decidieron ser juglares, ni pasaron horas estudiando el pentagrama, tampoco se dedicaron a recorrer el Magdalena Grande para acumular riquezas. No. Todo lo contrario. Los periplos los hacían porque no eran “capaces” de quedarse en un mismo pueblo, con la misma mujer y con los mismos amigos. Filosofía que los llevó transitar la provincia entera, cantando y contando lo que vivían.

Considero que cada lugar y cada época crea las circunstancias específicas para dar nacimiento a uno u otro tipo de juglar. Los primeros existieron aproximadamente en el periodo que transcurre desde el siglo V hasta el siglo XV y los juglares criollos desde la llegada del acordeón a Colombia, mitad del siglo XIX, hasta bien entrado el siglo XX. Entiendo que la función de los juglares cumple un ciclo. Ya el Magdalena Grande perdió la magia de sus latifundios por donde ellos transitaban con sentido de pertenencia, ya Valledupar tiene más de tres calles, ya la zafra dejó de existir y el vaquero mermó sus tonadas. Si bien a principios del siglo XX fueron indispensables, ahora los pocos que quedan, ganándole la batalla a la muerte, no cumplen la labor de juglaría. ¿Por qué? ¿Qué pasará cuando muera el último de nuestros juglares? ¿Podrán existir juglares contemporáneos?.

En las últimas décadas del siglo XX hace su aparición el cantante y el acordeonero y el compositor pasaron a segundo plano. ¿Por qué? Porque la música penetró en las ciudades y esta nueva figura se convirtió en ídolo. Los versos de los poetas de la provincia, salpicados de campo y de tradición, llegaron por su intermedio a oídos foráneos y no los entendieron. Entonces se inventaron una nueva canción, sin referentes claros, y sometida a las duras leyes de la oferta y la demanda y luego la camuflaron tras el nombre de “vallenato” para venderla a una población masificada sin un claro sentido de identidad cultural.

De la misma manera, el término juglar llegó a sus oídos y, grave problema, empezaron a repetirlo sin entender que los compositores no necesariamente son juglares y que ni siquiera al máximo cantante de nuestros días puede llamársele juglar. Es condición sine qua non: cantar, componer y tocar acordeón y que esto sea un estilo de vida.

Emiliano Zuleta Baquero, Lorenzo Morales, Calixto Ochoa, Abel Antonio Villa, Toño Salas, Vicente Munive... son la última generación de juglares, generación que arrancó con Francisco el Hombre, Juan Solano, Luis Pitre, Pedro Nolasco Martínez... consideramos que este ciclo, con las características propias ya enunciadas, se acabará cuando desaparezca físicamente el último de ellos.

Con esto quiero decir que después de este ciclo de juglares no habrá otros que asuman la música vallenata de la misma manera, lo importante es que surjan otros personajes en donde quede reflejada nuestra identidad.

Bibliografía
(1) Biblioteca de Consulta Microsoft ® Encarta ® 2005. © 1993-2004 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.
(2) Gutiérrez Hinojosa, Tomás Darío, Valledupar música de una historia. Bogotá, Grijalbo, 2000.
(3) Quiroz Otero, Ciro. “Vallenato, hombre y canto”, Bogotá: ICARO, 1983. p. 39.





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